Desacuerdo con todo: Frágil.

martes, 2 de diciembre de 2014

Frágil.

Soy frágil. Somos frágiles. La vida en sí es frágil.

Los asuntos de la vida cotidiana se convierten en minúsculas proyecciones sentimentales cuando algo gordo está ocurriendo. Me he llegado a sentir preocupado por cosas tan insignificantes como la ITV del coche, una factura que no puedo pagar o por una pelea tonta que he tenido con un amigo.

Absolutamente todo se eclipsa y se opaca cuando algo realmente grave ha pasado, o prevés que va a pasar. Acontecimientos enormemente jodidos apagan pequeños malestares, eso ha sido así desde que el mundo es mundo.

Y ahora viene la pregunta del millón : ¿Qué ocurre cuando varios acontecimientos enormemente jodidos se entrelazan?

Que te rompes. El desmorone está en el orden del día, y no hay más remedio que echarle valor a la situación y tirar para adelante. Suena tópico y estereotipado, pero no queda otra.

Llega un punto en el que no aguantas más, y empiezas a preguntarte de la manera más profunda, seria y sincera qué es lo correcto a partir de ahora. ¿Qué hacer? A veces, no puede hacerse nada, hay asuntos que se escapan totalmente de nuestra merced. No obstante, ¿Vamos a dejar las cosas como están? ¿Vamos a conformarnos con un día a día gris y deprimente?


Al final, no queda más remedio que esperar. Es decir, que después de tanta comida de coco, tanto discurrir y pensar en qué nos hará sentir un poco mejor, lo que acabamos haciendo es NADA. Nada en absoluto, simplemente esperar a que todo se solucione solo.


Todos sabemos que eso no va a ocurrir, ¿O quizás sí?



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