Desacuerdo con todo: El tiempo v1.2 : Ese eterno enemigo

miércoles, 9 de marzo de 2016

El tiempo v1.2 : Ese eterno enemigo

Anteriormente ya publiqué alguna que otra entrada hablando de éste asunto. Realmente necesito profundizar en el tema, ya que siento la espina clavada por las comidas de coco que éste me otorga últimamente. Ha empeorado, como podéis deducir.




Hace ya mucho tiempo que algunas cosas perdieron el brillo por completo. La vida, por ejemplo. Sin ánimo de sonar innecesariamente pseudo-poético y absurdo, voy a intentar centrarme más en el aspecto práctico del tema que voy a tratar hoy :





                        EL MALDITO PASO DEL TIEMPO
                                                 (e inevitable, por desgracia)




Por alguna razón, me estoy empezando a dar cuenta de que los años están pasando en balde de una manera desmesurada. Me imagino que estar en un limbo personal influye drásticamente en ello.



Echo la mirada atrás y recuerdo momentos de una forma vívida a más no poder, como si realmente no hubiese pasado el tiempo para mí. Como si todo se hubiese congelado por un instante hasta que compruebo la fecha de esa foto que tanto me gusta con dos amigos a los cuales veo desde hace un lustro. Y efectivamente, esa foto se hizo cinco años atrás.



Esos dos amigos eran uña y carne, y yo el dedo que los albergaba. Ellos y otros tantos llenaban los días y las noches de ilusión, vivencias y experiencias que nunca sabías como terminarían. Juntarnos día a día se convertía en una especie de pacto vitalicio, dictando una imposibilidad de separarse jamás, aunque nuestras metas y objetivos con el tiempo se bifurcaran.


Han pasado cinco años desde aquél entonces, y el pacto revocó hace ya muchas primaveras. Primaveras cruelmente marchitas y auto-destructivas.



Somos extraños. Pongo y pondría la mano en el fuego afirmando que no sabríamos de qué demonios hablar si se presentase la ocasión, y no entiendo por qué ha sucedido algo tan terrible. De hecho, quizás el problema es que lo entiendo pero no quiero aceptarlo bajo ningún concepto. A sabiendas de que las personas son pasajeras, de que la vida es como un viaje en autobús del cual la gente se baja en distintas paradas sin tan siquiera un atisbo melancólico hacia tu persona.



Aunque hace ya mucho que crecí en ese aspecto, sigo pensando que es de extrema crueldad que las cosas sean así. Que personas que juraron y demostraron fidelidad incondicional se conviertan en meros personajes color sepia, personajes a quienes no importas en absoluto a día de hoy.



Podría decir que a mí tampoco me importan, pero os estaría mintiendo o peor aún, me estaría mintiendo a mí mismo. Para ser honesto, no puedo evitar guardar cierto rencor o reproche sentimental hacia esas personas que podrían haber evitado desaparecer del mapa de una forma tan drástica. Sé de cierto que no han desaparecido por falta de interés o por aburrimiento, y eso es lo que más me quema por dentro algunas veces.



Es como una especie de impulso ¿Verdad? Como un cambio de aires que necesitas para conocer a otra gente y ampliar tus horizontes. Algunos por ocio, otros por trabajo, otros por amor o por el contrario, desamor. Cada uno es dueño de sus actos y debe ser consecuente con lo que después ocurra, no lo critico.



Yo no soy capaz de hacer eso. No quiero hacerlo, me niego a hacerlo.




He estado borrando gente de mi libreta personal de contactos durante años, personas que consideré que ya no me aportaban nada o que ya habían cumplido su función como relaciones personales, pero jamás dejé de lado a aquellos que eran importantes para mí.




Yo puedo notar a quién le importo, tú puedes notarlo, todos podemos notarlo. Todos tenemos a esas personas indicadas y cuidadosamente elegidas para compartir nuestros días, y las mías se están desvaneciendo por completo. Quizás es que en el fondo no les importaba tanto, o quizás debería seguir con mi vida dejándome de gilipolleces como he hecho siempre.




La terrible sensación de sentirse solo incluso estando rodeado de gente es muy auténtica, no se trata de una paparrucha metafórica. Los últimos cinco años han sido devastadores para mí, y estoy seguro de que para muchas otras personas que leerán ésto en un breve lapso de tiempo. He compartido mesa, cama y barra de bar con cientos de personas distintas y no sería capaz de recordar como se llaman. Tampoco me importa lo más mínimo.




Ésto es el paso del tiempo. En ésto consiste, en borrar todo lo antiguo dejando paso a todo lo nuevo. Lo peor de todo, es que lo nuevo no siempre es lo mejor.




Si han pasado cinco malditos años de un suspiro ¿Qué habrá ocurrido dentro de cinco años más? La línea de los treinta estará en mis pies, y ni a saltos de pértiga podré sortearla.



Hacerse 'mayor' te aporta experiencia, cierto grado de madurez, criterio y sabiduría en mayor o menor grado dependiendo de la persona. Pero lo que todos perdemos es la ilusión, la incertidumbre y la emoción de los momentos venideros, las alegrías que aportan las pequeñas cosas.




Hemos bebido tanto, hemos consumado, amado y desamado, tenido y perdido, errado y acertado, reído y llorado tantísimo, que ya nada sorprende. Nada tiene ese brillo especial de las primeras veces, por triste y crudo que parezca.




Para quien aún no lo haya captado, me estoy lamentando. No intento hacer apología de lo mucho que he sufrido o vivido. Soy consciente de que todas las personas del mundo sin excepción han pasado por trances peores, menores o iguales que los míos. Simplemente me estoy lamentando, ésto me parece una puta mierda.





La conclusión final es que no tenemos nada seguro. Suena tópico, pero es así. Nadie nos asegura nada, y en el preciso momento en el que lo hace, está mintiendo aunque no lo sepa. El tiempo se lleva de entre los dedos lo que más quieres y lo que más odias, te lo arrebata. Te quita la juventud, las ilusiones y a las personas apreciadas. Te quita vida y te otorga muerte.




El tiempo se acelera en el momento menos pensado. El día que no te acuerdes de qué hiciste el año pasado por tu cumpleaños o por fin de año, el día que no recuerdes el nombre de esa chica que tanto te gustaba a los dieciocho, los recuerdos longevos empiecen a desmoronarse de tu memoria y te veas joven y no pequeño en las fotos, se habrá acelerado para tí. No habrá vuelta atrás. Te estarás haciendo mayor a una velocidad astronómica.




Aprovechad el tiempo, amigos/as. Dejad el orgullo a un lado si no es estrictamente necesario. Sed dignos, pero no soberbios. Rodeaos de personas que os hagan la vida fácil, divertida y llevadera y disfrutad los días con ellas. Es necesario dejar a un lado las minucias, con los años nos lamentaremos del tiempo perdido con personas tóxicas que nada nos han aportado, más que amargura y sufrimiento prescindible.



Quered a vuestros padres, aunque no encontréis motivos para hacerlo. Intentad ser honestos, no intoxiquéis a los demás con patrañas ni besos de Judas, pero por vuestro bien. Esforzaos en tener un futuro lo más limpio y homogéneo que podáis, teniendo que arrepentirse de las cagadas lo más mínimo posible. Es necesario equivocarse para aprender, pero no regodearse en la equivocación. Lo de tropezar con la piedra varias veces lo acabas asimilando con el tiempo, doy fe de ello.





Es lo único que puedo aconsejar desde mi humilde prisma personal, sin pretensión de dar clases de moral o conducta a nadie. Todos somos libres de pensar, actuar y equivocarnos como nos plazca.





Y hasta aquí los altibajos de las dos y media de la mañana un martes cualquiera, dándole demasiado al coco. Probablemente por falta de cigarros de la risa, cabe decirse.






              LAS DROJAS NO SON EL CAMINO, AMEGOS. 
                                                            (frase políticamente incorrecta inside)











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